Kyoto Animation es, sin duda, una fuerza divisiva dentro del mundo del anime. Hay varias personas que creen que el estudio es, efectivamente, uno de los mejores trabajando en este momento, capaz de construir historias cautivadoras que incluso pueden dejar atrás la pericia técnica de sus producciones. Otros, simplemente piensan que las obras del estudio son similares a una flor de plástico: hermosas por fuera, pero sin vida por dentro. Personalmente, tiendo a estar de acuerdo con el primer grupo y estaría mintiendo si dijera que KyoAni no jugó un papel importante al impulsar mi creciente interés en el medio. Aún así, soy capaz de ver cómo el estilo del estudio pueda no funcionar ante cierto sector de la audiencia, ya que, me atrevo a decir, suplica por un espectador paciente cuyos intereses yacen más allá de una narrativa frenética o una exhibición de acción bombástica. Por supuesto que con esto no estoy tratando de dar a entender que sus programas recompensan a un público más “experimentado”, pues nada tiene que ver con ese potencial sesgo arbitrario. Pero de la misma manera en la que yo, por ejemplo, no tiendo a disfrutar de las historias centradas en otras cosas que no sean temas ligados a la naturaleza humana o en el análisis agudo de sus personajes y las relaciones que se forman entre ellos, hay personas que no encuentran al estilo del estudio lo suficientemente convincente. Sin embargo, también creo firmemente que todos podemos, al menos, estar de acuerdo con la idea de que Kyoto Animation muestra un dominio absoluto en la construcción de dramas pequeños, sencillos y sin pretensiones; suaves y cálidos, pero vehementemente emocionales. Por esa razón, me resulta imposible no sentir una tristeza absoluta con respecto a lo que sucedió el 18 de julio de este mismo año cuando una tragedia profundamente cicatrizante, azotó a dicho estudio. Es hasta irónico que un conglomerado abocado a capturar principios tan melodiosos como la cordialidad, el calor humano y la pasión se vea afectado por su antítesis. Por eso y por muchas razones más, me pareció sumamente adecuado escribir sobre una pequeña serie que transmite, de manera elocuente, esos principios. Hablemos, entonces, sobre Hibike! Euphonium y sobre cómo esos ideales nos ayudan a forjar nuestra identidad para crecer (y viceversa).

Creando una sinfonía

Hibike! Euphonium #9

Kumiko Oumae es una protagonista muy interesante. Teniendo en cuenta cómo las cosas tienden a funcionar dentro del anime como medio, es bastante sorprendente que tengamos a alguien que pueda ser fácilmente opacada por otra persona en términos de personalidad, carisma o incluso presencia como el personaje principal de nuestra historia. En lugar de contemplar a un personaje que es, en general, la fuerza detrás de cada pequeña progresión dentro del mundo de la serie, aquí tenemos una chica a quien podemos entender: distante, directa, torpe y aparentemente apática y conformista. Pero ahí está el truco. La verdadera fuerza detrás de Kumiko y, por extensión, de todo el elenco de Euphonium no es (al menos no del todo) una miríada de personalidades exacerbadas o rimbombantes. Su verdadero brillo se halla en su enfoque naturalista. Es bastante fácil ejemplificar esto con Kumiko porque la vemos crecer más que a nadie y, desde el principio, es alguien con quien podemos, al menos, sentir cierta cercanía, pero Euphonium logra construir un elenco dinámico, polifacético, inteligente y verdaderamente humano, incluso entre sus personajes secundarios o terciarios, siendo un triunfo rotundo en ese sentido. Están llenos de vida y no necesariamente por estar desbordados de energía, peculiaridades o detalles extraordinarios que los puedan implantar fácilmente en las mentes de su audiencia, sino porque son capaces de encarnar cómo funcionan las dinámicas individuales y grupales de los adolescentes de manera eficiente. Y, sí, sé que todos aquí son personas hermosas (superficialmente, digamos) y mejores (en casi todos los sentidos) que el común denominador de la sociedad, pero es fácil reconocer a estos detalles como superfluos cuando Kyoto Animation transmite las personalidades de todo el elenco de una manera increíblemente efectiva a través de una caracterización reflexiva, respaldada por su enfoque en los pequeños detalles, creyendo (y con razón) que lo que construye nuestro carácter son nuestros rasgos más sutiles. Esto, sin embargo, no hubiera sido posible de no ser por el enfoque holístico que se le ha imbuido al tópico.

Este último detalle es muy importante porque debería ser una declaración necesaria para cualquier estudio que esté tratando de ofrecer un reparto fascinante. El enfoque holístico, es decir, el tratamiento que considera al conjunto como un todo y no como componentes individuales que aportan a la totalidad de la producción, también planta la idea de que la caracterización no solo depende de la competencia de los escritores. Al contrario, lo establece como un proceso que exige muchos ingredientes, incluso fuera de los puramente sintácticos. Y es en este aspecto, alejándonos de los apartados más clásicos de las narrativas, donde las manos maestras de Kyoto Animation realmente se destacan, ya que la animación y la actuación de voz son fundamentales para arrojar algo de luz al desarrollo de unos personajes tan fieles a la vida real y con sentimientos tan protegidos detrás de varias facetas como lo son los estudiantes de Kitauji. Un personaje bien escrito puede hacer mucho, pero sin ser respaldado por una buena comprensión de cómo un medio audiovisual depende, evidentemente, de su presentación, incluso el guión más formidable podría titubear en términos de personajes si todo lo demás funciona en su contra. Personalmente, no estoy particularmente versado en los tecnicismos de la producción; soy más del tipo de interesarse por el guión. Sin embargo, es fácil identificar cuándo cada elemento de una narración está trabajando para lograr un equilibrio sinérgico o, por el contrario, cuando eso no sucede, obstaculizando la eficiencia de la historia en su conjunto.

Aquí, por suerte, todo funciona en sintonía. La coalescencia de cada uno de los aspectos, ya sean técnicos o líricos, es la fuerza impulsora detrás de un elenco tan humano y memético, fácilmente identificable y, francamente, divertido de observar. Es un conjunto empapado de agencia (como concepto sociológico) y personalidad, circunstancia que los muestra, al igual que sucede en la vida real, como un desastre de ideales y principios (a veces hasta contradictorios) que los hacen quienes son. Y, asimismo, este enfoque se encarga de transmitir con gran lirismo, la trascendencia que esa agencia induce en las relaciones interpersonales que el elenco conforma, así como también el crecimiento individual y grupal que suscita ese intercambio. Así, tenemos a Asuka, por ejemplo, aprendiendo a disociarse de su fachada como modelo a seguir (o como alguien especial) y mostrando una personalidad borrascosa, cínica y (relativamente) fría, pero compleja, comprensiva y hasta vulnerable a la vez; tenemos a Haruka, una niña tímida y emocional, aprendiendo las intrincaciones y tribulaciones que supone el liderazgo; tenemos a Natsuki, una holgazán inicialmente distante, que supo mostrar una pasión ardiente y una voluntad para mejorar realmente envidiable; tenemos a Reina, alguien que, debajo de su aura misteriosa, esconde un crudo deseo de ser única y un amor fervoroso y optimista por lo que hace. Que todos tengan sus objetivos y que todos toquen para “alcanzar” a alguien más es una síntesis muy acertada de uno de los deseos más fundamentales que nosotros como individuos tenemos, tejiendo la idea de que los seres humanos, como “animales sociales”, anhelamos formar una verdadera conexión que nos nutra y complemente. Y así podría seguir y seguir. Sin embargo, esto no pretende ser un análisis de personajes (dejaré algunas ideas mucho más interesantes sobre eso en algunas notas al pie de página)1, sino simplemente un recordatorio de lo aguda y reflexiva que es la caracterización aquí.

En sí mismo, un elenco de personajes tan apasionante, animado y polifacético como este, sería suficiente para impulsar un drama situado en los años de secundaria (o preparatoria) a algo relativamente notable. Que en este caso Hibike! Euphonium disfrute de un entorno técnico excelentemente diseñado para reforzar aún más su penetrante análisis sobre el crecimiento y las relaciones como aspectos intrínsecos de nuestra identidad (y, más aún, de nuestra humanidad), es una verdadera fortuna, pues son aspectos que embellecen aún más una narrativa que confía plenamente en sus protagonistas. Sin embargo, incluso si los buenos personajes pudieran impulsar un guión fuera de la mediocridad, esta serie no los utiliza para paliar el efecto de un material endeble (porque no lo posee; es más, su fuente es bastante buena), erigiéndose como una prueba cabal de que construir una mitología audaz o tejer una narrativa compleja alrededor de puntos temáticos “profundos” no es una necesidad a la hora de entregar una historia cautivadora, ya que en lo que respecta a los dramas humanos, los personajes comprensibles y los temas perspicaces (no importa que tan simples sean), son un vehículo excepcional para obtener el pathos. ¿Finiquitado este asunto, de qué va realmente Hibike! Euphonium?

Bueno, de cierta manera, va sobre nosotros.

¿Por qué tocamos?

Hibike! Euphonium #4 (Sakugabooru).jpg

Hay dos preguntas que actúan como una especie de mantras dentro de la narrativa de Hibike! Euphonium, proporcionándole sus ideas centrales. ¿Para quién tocas? es una de ellas. Hay un pequeño y bonito ensayo que explora la respuesta que esa pregunta recibe en el contexto de la presentación del episodio 5 de la segunda temporada (lo vincularé junto al resto de ensayos al final de este escrito), pero aún podemos identificar algunas respuestas a esa pregunta. Mizore, por ejemplo, toca para Nozomi, quien es su fuente de inspiración; Reina toca para ella misma y luego para Kumiko. Y más tarde para Taki y su difunta esposa; Kumiko toca para (y gracias a) su hermana y también para Reina; Asuka por otra parte, toca para su padre, esperando, algún día, ser capaz de mostrarle (en una mezcla amarga pero optimista), cuánto ha crecido. Podemos ver cómo los recuerdos que construyeron juntos influyen en cada uno de los integrantes de la banda y esa es, en efecto, una hermosa manera de usar las relaciones humanas para reunir fuerzas. Pero, aún así, este es solo un enfoque reduccionista para una serie que se encarga de mostrar que, realmente, tocamos en nombre de nuestra pasión interna.

Y tal vez esa sea la respuesta a la pregunta que presenta esta parte del ensayo, la otra que le otorga a la serie de su centro temático. Podemos intentarlo y podemos encontrar muchas razones que justifiquen por qué estamos haciendo algo, pero al menos en lo que respecta a la expresión artística, me atrevería a decir que la pasión es la única razón que es honesta. No en el sentido de que otras razones sean engañosas o falsas, sino en el sentido de que la pasión es la única forma justa de interactuar con el arte, pues todo lo demás sería perjudicial para tal expresión. Pero quitando esa opinión personal, Euphonium se siente, no, es humano, porque aborda con suma delicadeza un tema tan innato de nuestra propia humanidad. Somos seres apasionados y al establecer como idea central que la manera en la que anhelamos le da forma (en muchas facetas) a cómo nos desarrollamos como individuos y cómo interactuamos, la serie forja una declaración inicial que exhibe un núcleo emocional profundo desde el principio.

Y desde ese punto de partida, desde la idea de cómo interactuamos con nuestras pasiones, Hibike! Euphonium amplía su ambición para alcanzar temas aún más conmovedores a partir de ese aspecto seminal, abordando aspectos realmente intrínsecos a nuestras propias dualidades. Y la forma en que funciona el elenco ayuda a que estos principios se materialicen, al mismo tiempo que muestran cómo la pasión es (o al menos puede ser) beneficiosa y perjudicial, dependiendo de la perspectiva desde la que se la analice. Y, de nuevo, menciono a los personajes porque son quienes permiten que el mensaje se concrete mostrando no solo cómo crecemos como individuos a través de la experiencia y la conexión, sino también cómo nos comprometemos con nuestra pasión y cómo eso no tiene una relación directa con nuestra idea de talento. Así, vemos en Reina a alguien increíblemente talentosa y totalmente comprometida con su pasión, pero, paralelamente, vemos en Kumiko a alguien temerosa de un compromiso honesto con dicha querencia a pesar de su visible capacidad, pues eso significaría poner cosas en juego con todo lo que eso conlleva a nivel emocional; tenemos a Kaori, apasionada e increíblemente trabajadora, pero “condenada” a nunca brillar intensamente por la presencia de alguien más talentoso que ella; tenemos a Natsuki, esa niña inicialmente apática e indiferente que, con el correr del tiempo, es capaz de aceptar y reconocer su falta de talento en comparación con quienes la rodean y, contra todo pronóstico, evitar que esa amarga verdad desvanezca su nueva pasión en el proceso. Y es aquí donde podemos ver ambos extremos: una chica talentosa, inicialmente temerosa de que su pasión sea algo auténtico e influyente en su vida y alguien no tan talentosa, pero dispuesta a cambiar el rumbo a fuerza de voluntad y gracias al amor por lo que hace. Y es esa idea la que captura perfectamente cómo no solo ellas, sino también nosotros convivimos con nuestras pasiones y cómo nuestro miedo ante un vínculo significativo o nuestro talento aparente (o falta de él), pueden limitarnos o condicionarnos. El talento puede ser un don injusto, al que no le importa la dedicación ajena. Tenerlo o no tenerlo parece, a veces, cuestión de simple azar, pero las virtudes individuales no capitalizan en esa suerte, sino en la capacidad de sonreír y disfrutar incluso si nuestro destino no está bajo el reflector.  En un mundo donde los anime más venerados abordan conceptos que van más allá de los confines de nuestras luchas cotidianas, una serie que celebra algo tan modesto, encontrando la majestuosa belleza en lo terrenal, no debería ser desestimada.

Pero más allá de la manera excelente en la que la serie puede articular las complicaciones inherentes de ser individuos apasionados, la idea principal, creo yo, que se puede extraer de la serie es cómo y por qué crecemos como individuos. Porque, como pueden ver, en cierto modo Hibike! Euphonium es una historia propia del género coming-of-age y como tal, no simplemente es una muestra de cómo funciona una banda escolar. Esa exploración del funcionamiento de la dinámica de un conjunto musical es solo una parte del atractivo de la serie y, sí, puede verse y disfrutarse con esa mentalidad. Sin embargo, esa mirada relativamente acotada, induciría dejar de lado cualquier otro aspecto que enaltece la fuerza narrativa de la serie. Pero estoy hablando alrededor y no sobre ella y me estoy desviando. Hibike! Euphonium muestra con gran sensibilidad muchos de los pequeños detalles que acompañan nuestro crecimiento: encontrar inspiración y amor a través de nuestra pasión, comprender que el talento, el trabajo duro o incluso la combinación de ambos, pueden no ser suficientes para alcanzar nuestras metas; el poderoso deseo de ser mejores; darnos cuenta de que las personas son un complejo lío de ideas y principios en constante evolución y que debemos comprometernos con nuestras emociones de una manera honesta para fomentar vínculos honestos. Es una producción que no muestra un repertorio de temas profundos e ideas revolucionarias, pero sí uno comprensivo y fragoroso, casi pasional, suscitando una respuesta del mismo calibre en el público al que cautiva. A través de su lente embellecida, se atreve a explorar cómo crecemos y cómo cambiamos. Cómo amamos. Cómo fingimos. Cuánto valen nuestros sentimientos. Cuán complejos somos. Qué cálido suena todo.

¡Resuena, Eufonio!

Hibike! Euphonium #2 (Sakugabooru)

Kyoto Animation es uno de los estudios más divisivos dentro del anime como medio. Y puedo entender por qué su estilo narrativo puede no funcionar con algunos sectores del público. Sin embargo, simplemente no podría, ni siquiera siendo un completo cínico, entender cómo esta serie podría considerarse una flor de plástico. No podría afirmar que esta obra sea una de mis favoritas absolutas, ni una serie perfecta en ese sentido, pero se acerca bastante a esas marcas arbitrarias. Tal y como son las cosas, Hibike! Euphonium es un hermoso ejercicio narrativo que tiene éxito en muchos niveles simultáneamente. Tiene éxito al ser una atenta exploración de la experiencia que conlleva estar en una banda sinfónica. Es exitosa en la exploración de sus personajes, estando llena de detalles agudos, momentos divertidos y dinámicas interesantes, rebosando de un encanto conmovedor y teniendo con Kumiko, una de las protagonistas más refrescantes y simpáticas que puede exhibir el medio. Triunfa al exhibir una maestría técnica tanto en el campo del arte y la animación, como en el aspecto sonoro, otorgándole a cada una de sus otras fortalezas una plataforma excelente para articular sus objetivos. Pero sobre todo eso, tiene éxito a la hora de ser un drama personal humanista y naturalista, lleno de intensas reflexiones sobre temas como la pasión, los objetivos, los vínculos y la identidad. Puede que sea un drama sin pretensiones de grandilocuencia, pero gracias a esa modestia, su mensaje puede resonar con fuerza, cultivando un merecido pathos de ejecución impecable. En un mundo artístico que, durante años, se ha desviado a un lugar más seguro e indulgente, que atiende a su audiencia de la manera más perezosa posible y que continúa construyendo un paisaje o, mejor dicho, un páramo completamente inanimado (esto es especialmente cierto para el anime, en general), deberíamos celebrar producciones que, aunque no necesariamente desafíen a su audiencia, funcionen como espejos. Lo entiendo, usar el arte como una forma de escapismo es una relación válida con el medio (aunque una, quizá, demasiado banal), pero de esa manera estaríamos dejando atrás todos los detalles trascendentes que hacen del arte una entidad tan hermosa. Una vez, leí que el buen arte entretiene, pero el gran arte inspira. Hibike! Euphonium puede ser simple y mundano. Puede que no sea revolucionario ni tenga grandes pretensiones. Pero es un reflejo sobresaliente de algunos de nuestros propios conflictos y complejidades internas, desarrollado y entregado con una nitidez poética. Así es como se ve la inspiración.

Gracias por leer.


Aquí dejo algunos ensayos de altísimo nivel para aquellos que quieran nutrirse a partir de otras perspectivas y análisis.  

1 https://formeinfullbloom.wordpress.com/2016/11/06/for-whom-do-you-play-sound-euphoniums-seven-and-a-half-minutes-of-music/

2 https://formeinfullbloom.wordpress.com/2016/10/26/mizores-world-in-sound-euphonium/

3 https://formeinfullbloom.wordpress.com/2015/07/01/sound-euphonium-and-those-left-behind/

4 https://www.youtube.com/watch?v=VgWunG5vDvk

5 https://www.youtube.com/watch?v=33o6HEK6MBk

6 https://www.youtube.com/watch?v=DNvxWSKZa-4

7 https://www.crunchyroll.com/es/anime-feature/2016/12/17-1/feature-why-it-works-sound-euphoniums-tempestuous-muse-part-one; https://www.crunchyroll.com/es/anime-feature/2016/12/24-1/feature-why-it-works-sound-euphoniums-tempestuous-muse-part-two (Nick Creamer es un escritor fantástico)

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